Lo quieres. Hazlo.
Ya estás húmeda antes de decidirlo,
y aun así la que decide eres tú.
Con la cara ardiendo y la mirada fija
dices: aquí, así, ahora.
Tú abres los muslos cuando se te antoja.
Yo enredó mis dedos en tu pelo
y llevas tu boca adonde late,
pides lengua, pides más,
y no pides perdón.
Te subes, marcas el ritmo,
gimes sin taparte la boca
y te vienes cuando quieres,
las veces que quieras.
La pena se quedó en el suelo,
con la ropa. Y yo encima de ti cogiendote
No cobro, no pago solo placer entre dos adultos.